Ilustración del cambio climático
8 min lectura14 sept 2019

Efecto invernadero y cambio climático

Cambio climático | Contaminación | Medio ambiente | Sostenibilidad

Los vehículos de combustión generan emisiones de gases de efecto invernadero que aceleran el cambio climático y el calentamiento global.

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Los vehículos de combustión, entre otros, generan una gran cantidad de emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero), que aumentan el efecto invernadero y el cambio climático de nuestro planeta. Estos hechos provocan graves consecuencias como el alarmante deshielo de Groenlandia que ya estamos viviendo.

El efecto invernadero en sí es un fenómeno completamente natural del planeta gracias al cual la temperatura de la Tierra es compatible con la vida. En resumen, el proceso empieza con la radiación del Sol cuando llega a nuestro planeta. Una parte de esta energía se absorbe en la atmósfera, otra parte se refleja por las nubes y otra llega a la superficie terrestre calentándola.

Una vez esta radiación solar ha calentado nuestra superficie, la Tierra devuelve parte de la energía a la atmósfera, pero precisamente los gases de efecto invernadero, retienen alrededor del 63% del total de esta energía en el interior de la Tierra, la que provoca que la temperatura del planeta aumente de forma gradual.

Bien, pues sin este efecto invernadero, la temperatura media del planeta sería mucho menor, alrededor de los -18ºC, por lo que no sería posible desarrollar ningún tipo de vida.

Y entonces, ¿por qué son perjudiciales los GEI?

Muy sencillo, porque a medida que aumentan los gases de efecto invernadero en el planeta, la cantidad de energía retenida es también mayor, y consecuentemente la temperatura de la atmósfera sigue aumentando. ¿Y esto qué provoca? El calentamiento global y el famoso Cambio Climático, que estamos acelerando a pasos de gigante por el aumento artificial y desproporcionado de los GEI, entre otros motivos.

Principales consecuencias

Una de las principales y más graves consecuencias es el deshielo de casquetes polares y masas glaciares, que provocan inundaciones de islas y ciudades costeras.

De hecho, desde finales de julio Groenlandia está sufriendo una ola de calor que preocupa mucho a la comunidad científica, ya que las temperaturas son cuatro veces mayores que las habituales de esta época (habitualmente son de 3 grados y se han alcanzado casi los 20 grados).

Esto supone un nivel de alerta máximo puesto que el deshielo extremo que se está produciendo podría cubrir Florida con 12 centímetros o Alemania con 7 centímetros de agua. Para ser más concretos, el 1 de agosto se fundieron 11 billones de toneladas de gel de Groenlandia, una cifra jamás registrada.

El planeta está en juego

¿Y qué más provoca el cambio climático y los GEI? Ni más ni menos que todo esto:

  • Huracanes más devastadores por su mayor intensidad

  • Disminución de lluvias provocada por las olas de calor, lo que conlleva sequías y escasez de agua

  • Migraciones de especies y desertificación de zonas fértiles, que conlleva un impacto en la agricultura y la ganadería, mediante hierbas invasoras, proliferación de insectos y enfermedades que afectan múltiples cosechas

  • Escasez de alimentos, especialmente en países pobres, por el descenso de la producción agrícola

  • Extinción de especies e invasiones por especies exóticas

  • Propagación de enfermedades y pandemias provocadas por el calor extremo

Y no estamos hablando de casos hipotéticos, hablamos de la realidad que ya vivimos hoy día.

¿Sabías que si se fundiese el hielo de Groenlandia el nivel del mar podría llegar a subir hasta 7 metros?

Se estima que el 75% de los glaciares de los Alpes suizos pueda desaparecer en 2050 si seguimos en el ritmo frenético de generación de gases contaminantes. En consecuencia, aumentaría el nivel del mar y se inundarían islas enteras y zonas costera. En Europa correrían peligro alrededor de 70 millones de habitantes, y en el conjunto del planeta, 90 millones.

¿Y qué podemos hacer para disminuir estos GEI?

Podemos decir que la gran mayoría de fuentes de contaminación están fuera del control de cada uno de nosotros como personas físicas, y suelen requerir medidas por parte de las administraciones. Y entonces, ¿cómo podemos disminuir dicha contaminación en el aire?

Como personas individuales, cada pequeño paso y cada pequeña acción cuenta. Podemos fomentar la transición energética utilizando medios de transporte no contaminantes, apostar por viviendas energéticamente eficientes, tratar de abastarnos de energías renovables mediante el autoconsumo y la energía fotovoltaica y, como no, mediante el uso del vehículo eléctrico (VE).

Además, otras medidas que podemos tener en cuenta es la reducción del consumismo, la eliminación de plásticos en nuestro día a día, la reducción del consumo de carne, la apuesta por el consumo de productos ecológicos y el reciclaje.


¿Cuáles son los principales gases de efecto invernadero?

Podemos estipular que los principales GEI son:

  • Dióxido de carbono (CO2): se produce cuando un compuesto de carbono se quema en exceso de oxígeno. De forma natural se emite en erupciones volcánicas, incendios forestales, descomposición de materia orgánica y procesos respiratorios. Las fuentes humanas han disparado las concentraciones de CO2 desde la Revolución Industrial, llegando a alcanzar el 60% de los gases que causan el efecto invernadero.

  • Metano (CH4): se produce cuando la materia orgánica se descompone en ambientes carentes de oxígeno. De forma natural se emite en océanos, termitas y humedales. Las fuentes humanas lo emiten mediante la quema de combustibles fósiles, la cría de ganado, la descomposición de residuos en vertederos y los tallos de arroz, entre otros. Se considera el segundo gas más importante de efecto invernadero.

  • Ozono (O3): el ozono es un gas que existe de forma natural en la atmósfera. En ella, y más concretamente en la estratosfera, está presente mediante la capa de ozono, la cual es muy beneficiosa y necesaria para la Tierra ya que evita que la luz ultravioleta llegue a la superficie y así ayuda a evitar posibles cánceres y daños en la vegetación. Pero el ozono mucho más próximo al suelo (ozono troposférico) es un gas muy peligroso, ya que tiene un alto poder de oxidación. Suele producirse a partir de las emisiones de tráfico y de la industria a través de la síntesis de compuestos orgánicos, y causa daños irreversibles en tejidos respiratorios de animales y plantas. Se considera el tercer gas de efecto invernadero más importante y algunos de sus gases precursores son el óxido de nitrógeno (NOx), el monóxido de carbono (CO) y el metano (CH4).

  • Otros gases: óxido nitroso (N2O), clorofluorocarbonados (CFC), dióxido de azufre (SO2), hidrofluorocarbonados (HCFC) o hexafluoruro de azufre (SF6), utilizados en producción de aluminio, aerosoles, aparatos de aire acondicionado, quema de combustibles fósiles y materia orgánica, producción de nylon, fertilizantes agrícolas, calefacción, generación de electricidad, motores de vehículos…


¡Construir un mundo mejor para generaciones futuras está en nuestras manos!

Vivimos en la sociedad de la inmediatez y ello nos ha llevado a utilizar el coche absolutamente para todo, sin darnos cuenta que, en muchos casos, no tiene ningún sentido y, además, es una mayor pérdida de tiempo de lo que nos imaginamos. Si utilizáramos transporte público, VMPs (vehículos de movilidad personal) e incluso si fuéramos a pie, nos ahorraríamos el hecho de congestionar las calles de la ciudad, perder tiempo en buscar parquin y, sobretodo, ¡contribuiríamos a no contaminar más nuestras vidas!

Y en cuanto a un VE, podemos decir que genera menos emisiones de GEI a lo largo de su vida útil ante un coche convencional (incluyendo su fabricación, utilización y posterior reciclado/desguace), aunque no contemos con energía eléctrica renovable y hablemos de generación de electricidad a base de fuentes no renovables, cosa que en muchos países desafortunadamente aún es así.

Existe un método de análisis llamado Well to Wheel: del pozo de petróleo a la rueda, que tiene en cuenta tanto el CO2 emitido tanto para extraer, transportar y procesar el crudo necesario para fabricar coches y producir gasolina y lubricantes para su uso, como el CO2 emitido al fabricar un eléctrico y en generar la electricidad que lo mueve.

Este método demuestra que, si bien la fabricación de un eléctrico lleva asociado 15% más de emisiones de CO2 que un térmico (principalmente por la producción de la batería), esta diferencia queda compensada tras circular tan sólo 20.000km.

La conclusión es sencilla y evidente; conducir un VE perjudica mucho menos el medio ambiente, ya no sólo por las 0 emisiones de partículas y gases contaminantes durante su uso, sino también por la menor contaminación incluso teniendo en cuenta que la energía utilizada sea producida a base de fuentes no renovables.

Además, ¿sabías que un VE tiene un rendimiento alrededor del 95% cuando uno de gasolina o diésel apenas alcanza el 30%?

¡Sé parte del cambio!

En Place To Plug soñamos en un futuro (más bien próximo) donde nuestros hijos puedan respirar aire limpio, en un mundo donde nos movamos exclusivamente gracias a las energías renovables. ¿Y tú?

Así pues, sabiendo toda esta información, ¿quieres seguir respirando aire que no sólo perjudica el medio ambiente, sino que también perjudica directa e indirectamente tu salud? Si quieres formar parte del cambio y luchar por un mundo mejor y más sostenible, donde se priorice el bienestar ambiental y social, ¡pásate a lo eléctrico!

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